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Síndrome post aborto y salud mental

Dr. Edgar Hernández Gálvez M.Sc.

Médico Psiquiatra. Psicólogo Clínico
Profesor y Asesor de ICEF
13 de agosto de 2021

El Síndrome Post – Aborto (SPA), es una entidad clínica poco conocida tanto en la literatura médica general, como en las ciencias de la salud mental, de allí que su diagnóstico y tratamiento sean poco frecuentes.

El aborto provocado es un procedimiento criminal que ha sido utilizado a lo largo de la historia de la medicina como la forma de matar al niño concebido y no nacido (nasciturus). Con frecuencia se utilizan eufemismos como “evacuar el “útero” o “interrumpir el embarazo”, para referirse al aborto provocado sin tener que emplear el término médico, que tiene sus claras connotaciones éticas.

El aborto provocado, calculado en 50,000,000 al año en el mundo entero (según datos de la Organización de Naciones Unidas), ha sido poco estudiado en su aspecto emocional o psicológico.

¿Qué sucede en la personalidad de la mujer que se somete a este procedimiento? ¿Qué sucede en el cónyuge, novio o conviviente? ¿Qué sucede en el personal médico y paramédico que lo práctica? Las anteriores son interrogantes que han sido pobremente respondidas.

No es sino hasta la década de 1980 cuando gracias a las observaciones clínicas del Dr. Nathanson, que el estudio de esta situación clínica se empieza a perfilar con claridad.

Nathanson se dio cuenta que la mujer que se sometía a este procedimiento, pasado el tiempo, presentaba síntomas no sólo en su aspecto físico (cefalea, gastralgia, etc.), sino también en su aspecto emocional (insomnio, crisis de angustia, crisis depresivas, abuso de alcohol, dispareunia, frigidez, anorgasmia, etc.).

Para comprender mejor este Síndrome (SPA), es importante recordar que la experiencia en una mujer puede generar 2 posibilidades:

a) Ningún efecto psicológico.
b) Algún efecto psicológico.

En el primer caso, se tratará e pacientes con cierto grado de oligofrenia y que, por lo mismo, no tienen la suficiente conciencia de su propia conducta y de la trascendencia de la misma. Podrá también tratarse de un previo trastorno de la personalidad de tipo sociopático, en el cual la falta de sentimientos de culpa, elemento normal en la personalidad, explica por qué aquella persona no desarrolla síntomas clínicos. Consideradas esas excepciones, la gran mayoría de la población desarrollará algún síntoma psicológico.

La experiencia de un aborto provocado, en una personalidad normal, desencadenará algo similar a las experiencias traumáticas de los combatientes de guerra. (Trastorno de estrés post-traumático). En ambos casos los pacientes se han negado a reconocer y vivenciar su dolor por aquellos que murieron. En los combatientes de guerra hay que considerar el riego mortal que en sí conlleva su participación, se mezcle o no con culpa. En el caso de la mujer que aborta voluntariamente, ese elemento no está presente y se asocia siempre con culpa no vivenciada ni reconocida (negada).

¿Por qué hasta ahora el Síndrome Post – Aborto (SPA) ha sido poco divulgado en la literatura médica? Creo que la razón fundamental es porque se le conoce poco. Los profesionales de la salud mental que se encuentran ante un caso de SPA, muchas veces lo ignoran y en tal sentido no lo estudian. Por otro lado, es importante señalar que muchas mujeres utilizan, en su psicodinámica, un fuerte mecanismo de negación o de desplazamiento y en tal sentido no lo refieren en su historia clínica y lo que generalmente se atienden son las secuelas psicológicas del mismo. El conflicto se ha desplazado a síntomas físicos o psicológicos y el profesional de la salud mental que atiende ese caso podrá, si no lo investiga, contentarse con tratar los síntomas que la paciente le refiere. Al final, con cierta decepción por ambas partes (profesional y paciente), se considerará un caso “refractario al tratamiento” o bien “con tendencia a la cronicidad sintomática”.

¿Cuál es la dinámica psicológica en la personalidad de la paciente que aborta voluntariamente? Normalmente ante una agresión la respuesta psicológica es de cólera. Generalmente se tratará de una emoción colérica y en muy pocos casos de un sentimiento colérico. Regularmente la cólera será proporcionada a la agresión, en pocos casos desproporcionada. Normalmente se tenderá a que la cólera generada se dirija al sujeto agresor o a la situación agresora.

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